"Nosotros no poseemos la verdad, es la Verdad quien nos posee a nosotros. Cristo, que es la Verdad, nos toma de la mano". Benedicto XVI
"Dejá que Jesús escriba tu historia. Dejate sorprender por Jesús." Francisco

"¡No tengan miedo!" Juan Pablo II
Ven Espiritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía, Señor, tu Espíritu para darnos nueva vida. Y renovarás el Universo. Dios, que iluminaste los corazones de tus fieles con las luces del Espíritu Santo, danos el valor de confesarte ante el mundo para que se cumpla tu plan divino. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

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viernes, 21 de septiembre de 2012

Biblia: Sobre las dos tablas de la Ley (Santificar las Fiestas)

Moises recibe las tablas de la ley
No fue para ilustración anegdótica el transcribir el decálogo según la tradición judia. La santificación del Shabat y el respeto a los padres son preceptos de servicio eminentemente divinos.

Quien visita Israel más de una vez, queda fascinados por dos cosas:

La primera es el impresionante espectáculo de la oración al atardecer del viernes en el Muro Occidental. Creo que es una buena lección a tantos cristianos de aquí que aducen no asistir a las liturgias porque “no les dicen nada”, ¡Aquellas piedras sí que no dicen nada!

La segunda experiencia es el espectáculo de las familias judías sentadas en el césped de un parque de Jerusalém o en las laderas del Monte Carmelo, un sábado al mediodía. Uno se siente transportado a otro mundo. El aprecio por los niños tiene connotaciones histórico políticas en el Israel de hoy, pero aún asi, es admirable.

La madre por ejemplo no trabaja el Shabat ni en la cocina. Toda la vitalidad la tiene puesta en el cuidado y la felicidad de sus hijos. Los padres ponen todo su empeño en la celebración festiva. Cuando un hombre muere su hijo le reza el kidush, aunque su padre sea el Presidente de Israel y esté presente un rabino. Cuando un hijo muere es el padre el que lo reza.

Una de las manifestaciones de la mediocridad religiosa de aquí y ahora es el olvido de la fiesta y de la familia, como don de Dios.

En el domingo los cristianos habíamos añadido a todo el contenído biblico del sábado la celebración triunfante de la resurrección de Cristo.

En la vida familiar los cristianos habíamos visto no sólo el cumplimiento de la Ley del Sinaí sino la imitación de la Santa familia de Nazaret.

No lo puedo remediar, cuando veo a un cristiano trabajando en domingo tengo la misma sensación que cuando veo a una preciosa quinceañera fumando, ambos minan su salud, la espiritual uno, la corporal la otra. Y por desgracia, de ambas cosas, tengo esperiencia frecuentemente.

Pasar por el mal trago de no poder comprar en una tienda árabe porque es viernes y ver a la familia unida subir a la explanada de las mezquitas a rezar. Ver a una familia jugando con una cometa en el Monte Tabor alegremente porque es sábado, día que no hemos podido certificar una carta.

Al levantarte por la mañana del domingo oír que las Franciscanas Misioneras, las de la calle Nablus, te dicen: "hoy tendréis que servios la comida y dejar los platos en aquel rincón, pues nuestras servidoras están en sus casas celebrando el domingo", es una gran lección.

P-J. Ynaraja.

Fuente: Revista Tierra Santa Nº 754 página 3 año 2002

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