"Nosotros no poseemos la verdad, es la Verdad quien nos posee a nosotros. Cristo, que es la Verdad, nos toma de la mano". Benedicto XVI
"Dejá que Jesús escriba tu historia. Dejate sorprender por Jesús." Francisco

"¡No tengan miedo!" Juan Pablo II
Ven Espiritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía, Señor, tu Espíritu para darnos nueva vida. Y renovarás el Universo. Dios, que iluminaste los corazones de tus fieles con las luces del Espíritu Santo, danos el valor de confesarte ante el mundo para que se cumpla tu plan divino. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

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domingo, 21 de octubre de 2012

Santa Carmen Sallés y Barangueras, 6 de diciembre

Carmen Sallés, fundadora de las Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza
Santa Carmen Sallés
dura, de escasez y hambre, en la que la mujer tenía dos opciones en la vida: casarse, tener hijos y trabajar en el hogar; o bien salir a trabajar fuera, sirviendo en otras casas, o en las incipientes fábricas en jornadas eternas. 

A Carmen Sallés sus padres quisieron casarla, pero ella ya tenía en mente la vida religiosa. Desde muy niña, en efecto, le habían atraído las oraciones –tenía una gran fervor a la Virgen–, y su deseo siempre fue el de “ser para Dios”, sobre todo a partir de 1858, cuando realizó la Primera Comunión, y la familia al completo realizó una peregrinación al santuario de Montserrat. 

Carmen, en cualquier caso, logró romper el compromiso matrimonial que su padre había apalabrado con un joven manresano, y dio el gran paso: ingresó en el noviciado de una nueva congregación, las religiosas Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad, de santa María Micaela, que se dedicaban a rescatar a mujeres que habían caído en las garras de la prostitución. 

Allí, con las Adoratrices, la nueva santa supo del dolor y la marginación de “esas mujeres”, abocadas a vender su cuerpo por una sociedad injusta que ni siquiera les permitía acceder a la enseñanza. Y, allí, decidió ya dedicarse en cuerpo y alma a trabajar en la educación de la mujer, por su dignificación, por su formación humana y cristiana. Para ello dejó a las Adoratrices e ingresó en otra congregación que se dedicaba también a estos menesteres educativos, las Dominicas de la Anunciata del P. Coll. 

Con ellas estuvo 22 años por distintos puntos de nuestra geografía, enseñando de noche a las obreras de las fábricas, educando de día a los niños, luchando, en definitiva, para que la mujer aprendiera algo más que las primeras letras y las “labores propias de su sexo” (es decir, guisar, lavar y coser), algo que los programas de educación de la época consideraban más que suficiente. 

Para la madre Sallés, la educación de una joven era algo así como el rodrigón que se pone a una planta para que no se tuerza al crecer y se malogre. “Para alcanzar buenos fines, es menester poner buenos principios”, decía.

Su afán por conseguir este propósito le llevó a fundar una nueva congregación, aunque ella en principio nunca quiso dejar definitivamente el instituto del P. Coll, sino desplegar una nueva rama en su seno. Se marchó con tres compañeras –Candelaria Boleda, Remedios Pujol y Emilia Horta–, y en 1892 llegó a Burgos, cuyo arzobispo en seguida confiere la aprobación diocesana y autoriza la apertura del primer colegio concepcionista. Un año más tarde, ya estaban aprobadas las Constituciones y la madre Sallés era nombrada su primera superiora. 

El reconocimiento oficial de la Santa Sede llegaría en 1908, aunque no será hasta el día de la Inmaculada de 1954 cuando Pío XII apruebe definitivamente la congregación con su nombre actual.

“Desde el primer momento –recuerda hoy con orgullo la web de las Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza– se dedicó a preparar adecuadamente a las futuras religiosas maestras. En un momento en que las leyes no exigían el título de maestra para enseñar en colegios privados de la Iglesia, puso a las religiosas a estudiar la carrera de Magisterio y la de Piano, y las introdujo en el dominio de la lengua francesa. La Universidad iba a tardar todavía unos años en abrir sus puertas a la mujer. Pero ya a dos años de la fundación del instituto, sus alumnas cursaban estudios de Magisterio”.

Madre Sallés murió en Madrid el 25 de julio de 1911, a los 63 años. Por entonces, la congregación contaba ya con trece “Casas de María Inmaculada”, como le gustaba llamar a sus comunidades y colegios. Juan Pablo II la beatificó el 15 de marzo de 1998. Su memoria litúrgica es el 6 de diciembre. 

Canonizada por Benedicto XVI el 21 de Octubre de 2012

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