"Nosotros no poseemos la verdad, es la Verdad quien nos posee a nosotros. Cristo, que es la Verdad, nos toma de la mano". Benedicto XVI
"Dejá que Jesús escriba tu historia. Dejate sorprender por Jesús." Francisco

"¡No tengan miedo!" Juan Pablo II
Ven Espiritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía, Señor, tu Espíritu para darnos nueva vida. Y renovarás el Universo. Dios, que iluminaste los corazones de tus fieles con las luces del Espíritu Santo, danos el valor de confesarte ante el mundo para que se cumpla tu plan divino. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

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miércoles, 17 de octubre de 2012

Homilía de monseñor Francisco Polti, obispo de Santiago del Estero, en la misa de apertura de Año de la Fe (11 de octubre de 2012)





Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús

Con la Carta apostólica “Porta Fidei”, el Santo Padre Benedicto XVI ha proclamado un Año de la fe, que iniciamos hoy 11 de octubre de 2012 con gran alegría, y que conmemora dos grandes acontecimientos que han marcado el rostro de la Iglesia de nuestros días: los cincuenta años pasados desde la apertura del Concilio Vaticano II y los veinte años desde la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica.

Porta Fidei, “La puerta de la fe” (cf. Hch 14, 27), que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros. Se cruza ese umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja moldear por la gracia que transforma.(1)

Quisiera recordarles aquel inicio del pontificado del Beato Papa Juan Pablo II diciéndonos: no tengáis miedo… abrid de par en par las puertas a Cristo. Todavía hacen eco por todo el mundo estas poderosas palabras.

La imagen de la “puerta” es particularmente eficaz porque se refiere a “entrar” en una realidad, que el hombre no puede darse a sí mismo, sino que es completamente don de Dios. Esta realidad del don que es Dios mismo, requiere que el umbral de la puerta abierta por Dios, sea cruzado por cada uno de nosotros.

Ahora bien, una vez que sea cruzada “la puerta de la fe” el camino no habrá concluido.

Las palabras de Isaías, que leyó Cristo y que acabamos de escuchar(2), describen de modo gráfico la finalidad para la que Dios envió a su Hijo: la redención del pecado, la liberación de la esclavitud del demonio y de la muerte eterna.

La Iglesia continúa esta misión de Cristo: “Vayan, pues y hagan discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo cuanto les he mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.(3)

Es por ello que este Año de la fe, convocado por el Santo Padre, desea contribuir también a un renovado relanzamiento de la acción misionera. Nuestra primera, verdadera y única tarea sigue siendo la de comprometer la vida por lo que vale y perdura. Se trata de recomenzar desde Dios. Tenemos la misión de anunciarlo, de mostrarlo, de guiar al encuentro con Él. Será como nos pide el Papa, una oportunidad para reanimar, purificar, confirmar y confesar nuestra fe.

En ese contexto, les invito a mirar el horizonte que el Santo Padre describió hace poco “Muchos bautizados han perdido su identidad y pertenencia: no conocen los contenidos esenciales de la fe o piensan que la pueden cultivar prescindiendo de la mediación eclesial. Y mientras muchos miran dudosos a las verdades que enseña la iglesia, otros reducen el reino de Dios a algunos grandes valores que ciertamente tienen que ver con el Evangelio, pero que no conciernen todavía al núcleo central de la fe cristiana… Dios queda excluido del horizonte de muchas personas…queda en cualquier caso relegado al ámbito subjetivo, reducido a un hecho íntimo y privado, marginado de la conciencia publica”.(4)

Ante este panorama nos preguntamos ¿Cómo podemos sembrar con confianza la Palabra de Dios? ¿Cómo conducir al hombre de hoy, a menudo distraído, a un renovado encuentro con Jesucristo “camino, verdad y vida”?

A un mundo que considera todo evidente e incuestionable, debemos proponerle la novedad profunda del Evangelio de Jesucristo.

Sin embargo, siempre es importante recordar que la primera condición para hablar de Dios es hablar con Dios. Es por ello que los exhorto a renovar nuestra vida convirtiéndola en una intensa vida de oración. Esto nos ayudará a que cada persona que encontremos sea alcanzada por la Verdad, que da respuesta a las preguntas que tienen que ver con el sentido profundo de la realidad.

Durante este año dejémonos encontrar por Dios. Como decía anteriormente “entrar” por la puerta de la Fe en una realidad que el hombre no puede darse a sí mismo, sino que es completamente don de Dios. Por ello los aliento a acercarse con mayor fe y frecuencia al sacramento de la Penitencia, y participar en la Eucaristía en forma consciente, activa y fructuosa, para ser auténticos testigos del Señor.

Benedicto XVI nos dice también en su carta Apostólica Porta Fidei que profesar con la boca indica, a su vez, que la fe implica un testimonio y un compromiso público.(5) Como personas adultas en la fe porque hemos encontrado a Jesucristo, quien es la referencia fundamental de nuestras vidas, estamos llamados a reavivar el don de la fe; de comunicar nuestra propia experiencia de fe y caridad, dialogando con nuestros hermanos y hermanas incluso de otras confesiones cristianas, sin dejar de lado a los creyentes de otras religiones y a los que no creen o son indiferentes.

El conocimiento de los contenidos de la fe es esencial para dar el propio asentimiento, es decir, para adherirse plenamente con la inteligencia y la voluntad a lo que propone la Iglesia.(6) Por ello el Año de la fe es una buena oportunidad para profundizar en la comprensión de los principales documentos del Concilio Vaticano II y el estudio del Catecismo de la Iglesia Católica. Además será una ocasión propicia para recibir con mayor atención las homilías, catequesis, discursos y otras intervenciones del Santo Padre.

Queridos hermanos. A lo largo de este Año será decisivo volver a recorrer la historia de nuestra fe.

Por la fe, hombres y mujeres de toda edad, han confesado a lo largo de los siglos la belleza de seguir al Señor Jesús allí donde se les llamaba a dar testimonio de su ser cristianos: en la familia, la profesión, la vida pública y el desempeño de los carismas y ministerios que se les confiaban.(7)

Que en este año de la Fe sea nuestra tarea abrir a todos la “Puerta de la fe”. La iglesia existe para evangelizar. Esa es su misión. Caminemos al encuentro del Señor Jesús resucitado, acompañados por el testimonio de la fe de la Virgen María, los Apóstoles, los discípulos del Señor, los mártires y todos los testigos de la fe.

Que la Virgen María, llamada la Estrella de la nueva evangelización, nos alcance poder vivir la alegría de ver que la “Puerta de la fe” sigue hoy abierta. 

Mons. Francisco Polti, obispo de Santiago del Estero

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