"Nosotros no poseemos la verdad, es la Verdad quien nos posee a nosotros. Cristo, que es la Verdad, nos toma de la mano". Benedicto XVI
"Dejá que Jesús escriba tu historia. Dejate sorprender por Jesús." Francisco

"¡No tengan miedo!" Juan Pablo II
Ven Espiritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía, Señor, tu Espíritu para darnos nueva vida. Y renovarás el Universo. Dios, que iluminaste los corazones de tus fieles con las luces del Espíritu Santo, danos el valor de confesarte ante el mundo para que se cumpla tu plan divino. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

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jueves, 27 de septiembre de 2012

Rogad por la Paz en Jerusalén



Del libro que edita cáritas cada año en Adviento y Navidad. 
Hacemos esta oración sobre el Salmo 147.


Judíos, cristianos y musulmanes
glorifican a Dios en Jerusalén.
El muro de las Lamentaciones
es súplica rítmica permanente,
guarda en sus piedras al alma del pueblo.

Los Santos Lugares, la Vía de la Cruz,
 basílicas y cenáculos con lámparas encendidas,
son testigos de la fe cristiana
que renueva los misterios pascuales del Señor.

Las mezquitas resplandecientes
recogen la oración fervorosa del Islam
y el buen olor de sus purificaciones, ayunos y limosnas.

Todos glorifican al Señor y alaban a Dios,
que acoge las oraciones de sus hijos,
porque es compasivo y misericordioso.

Pero no es éste el culto que Dios prefiere.
Estamos todavía preguntando
si es en Jerusalén o en el Garizín,
si en el Muro, en la Mezquita o en la Basílica.

Rezamos a Dios en Jerusalén,
pero no hay paz en sus fronteras.

Dará gloria a Dios Jerusalén
el día en que no se vean por sus calles soldados,
 el día en que no se refuercen los cerrojos de las puertas
y no haya controles para pasar de una parte a otra,
el día que puedas pasear por la ciudad
sin miedo a atentados terroristas.

El día en que todos se estrechen las manos,
olvidando ofensas y heridas seculares,
 el día en que unan las manos en la lucha por la Paz,
por la libertad y la erradicación de la pobreza
y todos se sacien con flor de harina.

El día que juntos levanten las manos para rezar a Dios,
en un lugar o en otro, y Dios pudiera oír que todos
le llaman Padre. Y entonces Dios si “bendeciría
a sus hijos dentro de Jerusalén”.  Amén.

Margarita

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